Los Gancheros 2

LA HISTORIA / LAS FOTOS

Como homenaje a este extinto oficio, he dedicado en mi web dos galerías a Los Gancheros del Escabas, una en color y otra en blanco y negro, en su paso por la localidad de Priego camino del río Guadiela. Las fotos expuestas fueron posibles gracias a la excelente iniciativa que ha tenido la Asociación Cultural Gancheros de Priego, www.gancherosdepriego.com , que desde hace ya unos cuántos años, el primer domingo del mes de agosto, hacen una recreación de cómo era el esforzado trabajo realizado en el pasado por los gancheros. Esto lo llevan a cabo en un tramo del río Escabas próximo a Priego. Indicar que parte de la información aquí contenida ha sido sacada de la información de dicha web.

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©Ricardo G Delabat

El río Escabas es un río corto, solo tiene 60 km, desconocido para los que no conocen aquella preciosa comarca, que nace en las proximidades de la sierra de Tragacete, cerca del nacimiento de los ríos Cuervo y Júcar. En su curso recorre tres comarcas de las provincia de Cuenca: la Serranía Alta, el Campichuelo y la Alcarria para desembocar finalmente, a la altura del pueblo de Albendea, en el río Guadiela, tributario del Tajo. Desde su nacimiento, en su ruta hasta el Guadiela, este modesto río pasa por los municipios conquenses de Las Majadas, Poyatos, Fuertescusa, Cañamares y Priego. Visita más que recomendada para todos aquellos que no conozcáis aquella zona. Muy recomendable la visita en los meses de verano para poder refrescarse en las frescas aguas del Escabas.

         Precisamente en este río hubo una importante actividad maderera desarrollada por los Gancheros. Según definición de Juan Navarro Reverter (1884-1924), Ingeniero de Montes, Académico de la Lengua y Ministro: “El ganchero es un hombre fuerte, robusto, bronceado, enjuto y tan insensible como la materia que su gancho guía, parco hasta en el exceso en el vestir, parece que lleva sus anchos calzones para burlarse de las inclemencias del invierno. Y la ganchería es un perfecto mecanismo de relojería de resultados admirables. Estos hombres sin más lazo que la obediencia, dentro del deber, realizan el ideal de una sociedad libre bien organizada”.

Pero si tuviese que elegir, me quedaría sin dudar con las palabras del maestro Sanpedro, dedicadas a esta profesión de esforzados trabajadores: “Fueron los hombres más enteros, íntegros y más humanamente hombres que he conocido. Eran naturaleza en estado puro”. Más con tan escasas, pero claras, palabras creo que no se puede decir. Al maestro Sanpedro debemos la gran difusión hecha la conocimiento de los gancheros; fue realmente él quién dio a conocer esta profesión entre el gran público.

El origen de la palabra Ganchero hay que buscarlo en la vara terminada en gancho que utilizaban para el manejo de los troncos, que de hecho era la única herramienta que manejaban. Se trata de una vara, por lo general hecha con madera de avellano, aunque también se usaban maderas de otros árboles, cuya longitud aproximada es de 220 cm, y con un grosor de unos 5 cm en su extremo en el que se fijaba una pieza de forja formada por tres partes fundamentales:

  • El bullar que es la punta de lanza de la vara de gancho.
  • El arpa que es un gancho convexo con el que tiraba de los troncos de la maderada.
  • La olla que es una figura troncocónica en la que se anclaba la vara mediante cuñas y clavos de madera (las de mejor calidad son las de sarga roja).
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©Ricardo G Delabat

Gancheros en el río Tajo y sus afluentes. Almadieros en Navarra, Raiers en Cataluña, Pineros en la Sierra de Segura. En definitiva diferentes nombres para una misma actividad.

El papel desarrollado por los gancheros, hasta su desaparición, fue un sustento imprescindible para el avance de la sociedad ya que la madera, durante mucho tiempo, fue una importantísima fuente económica en España.

Durante la primera mitad del siglo XX, el trasiego de maderas por los ríos de España fue la forma más viable y efectiva de transporte, surtiendo así, desde las más profundas sierras del interior peninsular, de tan preciado tesoro a aserraderos y fábricas muy distantes de los lugares de origen de la madera. Desde la construcción de palacios hasta mundanos enseres cotidianos, la madera siempre ha sido fuente de progreso.

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©Ricardo G Delabat

La madera obtenida de los montes conquenses fue siempre muy apreciada: en el sector naval para la construcción de naves, en la fabricación de vigas para la construcción, y como elemento imprescindible en cualquier trabajo de carpintería. De las diferentes variedades de pinos que se desarrollan en la serranía conquense existen grandes masas de pino laricio o negral (Pinus laricio, Pinus nigra) también llamado cascalbo, pudio, salgareño o pino de Cuenca. Este en concreto es el de mayor porte de los pinos de España, pudiendo alcanzar alturas de 40 metros. En Cataluña, el pino albar (Pinus silvestris), también llamado en Cataluña “Pi roig” y el pino rodeno o marítimo (Pinus pinaster).

El oficio de ganchero proviene de tiempos inmemorables, el geógrafo musulmán Al-ldrisi ya los menciona en el año 1154. Históricamente los gancheros procedían de la serranía de Cuenca, y en particular del pueblo de Priego, y también aunque en menor medida de localidades como Cañete, Cañamares y Cañizares. Con la construcción de los primeros aserraderos en la provincia de Valencia se añadieron algunas poblaciones como Chelva, Cofrentes, Calles y Ademúz. En Jaén los pueblos de las Sierras de Segura y Cazorla como Orcera y Beas de Segura también proporcionaban de gancheros a las maderadas de las diferentes regiones gancheras en España.

Los pueblos de la serranía aportaban a la maderada oficios indispensables para su desarrollo como el de hachero, arrastradores, arrieros y broceros, estos últimos contratados en los pueblos limítrofes al cauce del río por el que transcurría la maderada.

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©Ricardo G Delabat En plena faena

La cantidad de troncos que componían una maderada oscilaba entre los veinte mil y los cien mil, necesitando según escritos de Torres Mena la misma relación en el número de gancheros que variaba desde los cien hasta los mil. La última gran maderada se bajó por el río Segura en el año 1947, y fue de un millón de traviesas destinadas a abastecer a la RENFE para la construcción de gran cantidad de kilómetros de ferrocarril. Posteriormente se siguió trasegando madera, aunque en menor cuantía, sobre todo por los ríos de la serranía conquense y el Alto Tajo, hasta que finalmente a principios de los años 60 fueron las inhóspitas sierras de Segovia y de Guara en la provincia de Huesca, prácticamente las últimas en contemplar el lento fluir de estos bosques flotantes. A estas maderadas de menor cuantía, con pequeño número de troncos, se las conoció como “repuntas”.

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©Ricardo G Delabat

Aunque en algún momento de la historia todos los ríos de España fueron testigos de movimientos de troncos por sus aguas, o maderadas, los principales ríos utilizados para el transporte de madera fueron el río Tajo con sus afluentes Escabas, Guadiela, Gallo, Cuervo y Cabrillas, el río Júcar y su afluente el Gabriel, el Turia, el Segura y el río Guadalquivir. En todos ellos los Gancheros de Priego dejaron su impronta y buen hacer, siendo dignos embajadores de las gentes de Castilla La Mancha.

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