ABANDONO RURAL

REFLEXIONES SOBRE EL ABANDONO
Más fotografías sobre lugares abandonados en:
Ver también en este blog Despoblado de la Vereda, Guadalajara

Tan sagradas y valiosas son las piedras del mísero caserío y de una modesta ermita como las ruinas, tristes, decadentes y artísticas, de monasterios, conventos y castillos. Todas ellas reflejan de manera harto elocuente la grandeza histórica de un gran número de olvidados y abandonados rincones que, de norte a sur y de este a oeste, inundan la geografía española.

Castillos corroídos por el cáncer de los siglos, pintorescas y románticas ruinas de antiguos cenobios y de recios cimientos, aún en pie, de modestos pueblos y aldeas que otrora fueron importantes enclaves de población y que hoy, ay, son tan solo el reflejo de la ruina y el abandono

La definición que se encuentra en el diccionario de la R.A.E. de “Despoblado” es clara: “Desierto, yermo o sitio no poblado, y especialmente el que en otro tiempo ha tenido población”. En definitiva, un despoblado es un lugar que en otro tiempo estuvo habitado, poblado, y hoy, por las causas que sea, no lo está. Otra palabra para definir los pueblos abandonados, con una gran carga dramática pero muy gráfica, es la de “mortuorio”: “Coloquialmente, lugar en el cual hubo una población que ha desaparecido por completo

Cada vez que se erigían monasterios o iglesias en campos alejados de todo lugar habitado, a su sombra y en poco tiempo comenzaban a construirse viviendas que con el paso del tiempo daban lugar a la formación de aldeas, pueblos, villas o ciudades.

 

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©Ricardo G Delabat
 

ALGUNAS CAUSAS QUE LLEVARON A LA DESPOBLACIÓN O ABANDONO DE LOS PUEBLOS

Como una causa principal cabría destacar la creciente pobreza de los aldeanos que vivían en muchas aldeas, incapaces de sacar al campo una renta o rendimiento suficiente para poder vivir de manera digna y sin apreturas.

Pero también hay que buscar las causas en la pobreza progresiva de muchos municipios, representados por sus ayuntamientos, carentes de bienes comunales. Al carecer de dichos bienes han de apelar a los propios vecinos para alimentar sus presupuestos, principalmente a base de impuestos, que de manera progresiva e imparable va aumentando la pobreza de los vecinos (pescadilla que se muerde la cola), que terminan siendo asfixiados por la presión ejercida por los recaudadores municipales.

Finalmente se llega a un punto en que es imposible vivir acorde con los tiempos actuales y esto termina desmoralizando al hombre del campo que termina abandonando su casa y sus tierras, produciéndose un enorme e irreparable perjuicio en la agricultura local: menos brazos para trabajar implica inevitablemente una menor producción de la tierra y un empobrecimiento generalizado.

Cuando estos emigrantes llegan a sus nuevos destinos, generalmente en las ciudades, próximas o lejanas a su lugar de origen, y por no estar capacitados ni cualificados laboralmente,  carecen por tanto de formación alguna para desenvolverse en tan hostil territorio, al final terminan desempeñando los más bajos menesteres y todas aquellas tareas de menor cualificación, y por tanto con menor retribución, que nadie de la ciudad desea. Esto produce en su extremo final tal sentimiento de frustración y desasosiego entre estos emigrantes que, llegados a lo que consideraban una panacea, produce una inmensa sensación de infelicidad y tristeza.

Por otro lado todos aquellos que han quedado en el campo, incapaces de abandonar su tierra, suelen ser bien los peores y menos preparados, carentes de ambición ni ganas de mejora y con menos arrestos que los valientes que salieron del pueblo, bien aquellos a quienes la edad les ha quitado las ganas e ilusión de ir a ningún lado. Esto produce inevitablemente que el campo vaya a peor y muchos pueblos acaben desapareciendo, quedando enormes áreas de regiones despobladas.

Sobre el abandono rural he podido ver que hay múltiples blogs y paginas web dedicadas a este apasionante tema, pero de todos los que he visitado últimamente, que no han sido pocos, querría destacar especialmente un blog que se llama lospueblosdeshabitados en el que su autor  Faustino Calderón hace una detallada descripción de muchos pueblos abandonados en diferentes regiones españolas, acompañando cada texto con unas estupendas fotografías. Os recomiendo desde aquí una detallada visita de este blog. 

MAS REFLEXIONES SOBRE EL ABANDONO

Desde mi punto de vista, los lugares abandonados tienen un encanto fotográfico especial. Creo que son realmente fotogénicos. Sin embargo si pensamos detenidamente en la razón del abandono, en por qué se produjo ese abandono, estos lugares pueden llegar a tener también un punto depresivo.

Pensemos en tantos y tantos pueblos abandonados que salpican la geografía española, habiéndose cebado el abandono con especial virulencia en la Vieja Castilla, Galicia o Asturias, si bien ninguna región quedó al margen de este drama. Cada vez que he encontrado uno de estos despoblados, lo inmediato ha sido liarme a hacer fotos y fotos,  muchas fotos, de los restos que aun quedan en pie de casas, iglesia, corrales, etc. Disfruto buscando el mejor encuadre, la mejor luz, la técnica optima en cada disparo esperando conseguir unos resultados aceptables.

Pero una vez realizado mi particular reportaje fotográfico, no puedo evitar que mi imaginación flote y pensar en aquellas gentes que tiempo ha decidieron dejarlo todo, su casa, su pueblo, la historia de su pueblo y la historia de su familia, intentando ponerme en su lugar, imaginando los tristes sentimientos y el gran pesar que debieron de sufrir los últimos en salir del pueblo, muy posiblemente ligeros de equipaje, abandonándolo a su suerte y al implacable paso del tiempo.

En muchos de los despoblados que he visitado aun pueden verse restos de muebles y enseres, pesada carga, que nadie se llevo, ni siquiera los múltiples saqueadores y expoliadores del abandono puesto que era tal su estado que los hacia de todo punto inservibles.

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Ricardo Delabat

Recuerdo haber hecho parada en algún pueblo de la Soria profunda y haber visto a través de alguna ventana sin cristales, ni mucho menos cortinas, tazas y platos rotos tirados por un destrozado suelo, muñecas tuertas, mancas, carritos de bebe sin ruedas, sillas a las que les faltaba alguna pata que algún vagabundo de paso debió usar para encender el fuego con el que calentarse algo que comer y combatir el intenso frío de la noche de los campos sorianos. Aun se veía claramente en una de las esquinas de lo que un día, posiblemente no muy lejano, debió de ser la cocina de esa casa, hoy ruinosa y triste, pero que antes fue cálida y acogedora estancia. el negro del hollín desprendido por esa hoguera que algún vagabundo hizo. Esa cocina en que la abuela guisaba en cocina de carbón esos deliciosos platos de cuchara hechos a fuego lento, al amor de la lumbre, tan apetecibles en invierno e incluso en verano. Y mientras la abuela, con un cucharon hábilmente tallado en madera de olivo, removía el guiso para que no se pegase en fondo de la olla, su hija entraba corriendo de la calle, aterida de frío tras coger lo poco que había sacado ese día del huerto familiar, alguna berza, algún nabo, alguna patata, en fin suficiente para poder seguir tirando.

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©Ricardo G Delabat

Agricultura de subsistencia y persistencia. Dejando las verduras en la mesa de la cocina, daba un beso a su hija que, mientras oía sin escuchar las monsergas de su abuela, jugaba sin parar con esa muñeca que yo vi tuerta y manca, pero que algún día fue todo belleza y perfección. Era preferible tener que oír ese soniquete característico de la abuela, disfrutando del calor que salia de aquella negra cocina de hierro, que tener que soportar en silencio el frío de su gélida habitación.

Estos pensamientos, entre otros muchos, fueron lo que surgió de una mancha negra en una pared. Mancha producida por los restos de una hoguera que algún día hiciera un vagabundo en las tristes ruinas de lo que antaño fue una acogedora cocina desvencijada, abandonada, inhóspita, incapaz de soportar el olvido y el paso del tiempo

 

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©Ricardo G Delabat

 

 

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